Posted by: Dawsr | April 6, 2010

¿Quién era Rasputín?

Grigori Rasputín (1869-1916)

Además de su representación por el cine y una vaga imagen de un hombre barbudo de infame renombre, poco o nada se suele saber de Rasputín, un hombre místico y terrorífico que desaparece de la faz de la Historia con la Revolución Rusa.

El hombre que habría de ser conocido como Rasputín nació en una aldea siberiana en 1869; su verdadero nombre era Grigory Yefimovich Rasputín, y sus padres eran campesinos; sus dos hermanos, María y Dimitri, fallecieron jóvenes, ella ahogada en un río y él de pneumonía tras caerse en un lago. Cuando Rasputín cumplió 18 años ingresó en un monasterio durante tres meses como penitencia por un robo que había cometido. Poco después alegó haber visto a la Virgen María, y comenzó a vagar por pueblos, entrando en contacto con una secta ilegal (el Movimiento de los Flagelantes) que incluía rituales de agotamiento físico combinado con orgías de todo tipo.

Tras abandonar el monasterio, Rasputín entró en contaco con un religioso llamado Macario, que se encargó de formar la vida religiosa del disoluto siberiano. En 1889, con viente años, contrajo matrimonio con Prascovia Fyodorovna Dubrovina, y tuvieron tres hijos: Dimitri, Várvara y María. Se sabe que además tuvo un hijo con otra mujer; en 1901 abandonó el hogar familiar y se dedicó a hacer peregrinajes a los lugares sagrados de la zona; sus andanzas le llevaron hasta Jerusalén y Grecia. En 1903 llegó a San Petersburgo, la capital del imperio ruso, donde su posición como starets (peregrino errante) le ganó fama y popularidad entre los supersticiosos miembros de la alta sociedad. Se comentó incluso que los ojos de Rasputín, de un cristalino azul, tenían poderes hipnóticos que podían curar enfermos.

La Familia Imperial en 1913, en el tricentenario de la dinastía Romanov.

En 1904 la zarina Alejandra, esposa del zar Nicolás II, dio a luz a su quinto vástago y primer varón, el zarévich Alexey. Desgraciadamente, el ansiado bebé, heredero al trono imperial, sufría hemofilia, una enfermedad hereditaria que impide que la sangre coagule con normalidad. La esperanza de vida en una época cuando no existían las transfusiones de sangre para un hemofílico era mínima. A través de unas primas del zar y de una amiga, la zarina conoció a Rasputín, que le aseguró poder salvar a su hijo cuando sangrase. Se cree, aunque es imposible comprobarlo, que con la hipnosis Rasputín era capaz de controlar los latidos del corazón del niño, lo cual frenaría la hemorragia.

Poco a poco, Rasputín se ganó la confianza de los zares, que dependían totalmente del consejo del starets. Pero la influencia de Rasputín no quedaba ahí. Mientras delante de los zares se hacía ver como un hombre santo, en otros círculos Rasputín se daba a la bebida, al sexo y a otros vicios, que castigaba luego con largas horas de rezos y penitencia. La zarina Alejandra veía en él a un hombre santo, y su opinión era la única que contaba.

Varias de las profecías de Rasputín se cumplieron tras su muerte.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial se comentó en algunos círculos que la zarina, de origen alemán, era una espía para el Káiser Guillermo II; su imagen se vio empeorada por el hecho de que la zarina, que actuaba como regente mientras su marido estaba en el frente, nombraba y despedía ministros según le dictase Rasputín, que actuaba de acuerdo con sus propios deseos.

En diciembre de 1916 el príncipe Félix Yussupov, casado con una sobrina del zar, y el Gran Duque Dimitri Pavlovich, primo carnal de Nicolás II, instigaron un plan para asesinar a Rasputín, al que veían como el causante de los desastres de la guerra.

En una cena, compuesta por vino envenenado y pasteles bañados en cianuro, los aristócratas intentaron asesinar a Rasputín, en vano: a pesar de que no dejaba de comer y beber, no parecía dar señales de morir. Nerviosos y preocupados por tan extraña supervivencia, Yussupov y el Gran Duque Dimitri cogieron sus pistolas y dispararon contra el monje, que enterado del plan había intentado escapar de la residencia urbana de Yussupov en San Petersburgo. Malherido, lanzaron el cuerpo del starets por la barandilla que bordea el río Neva, en aquel momento congelado.

El cadáver de Rasputín fue hallado días más tarde; había muerto ahogado, no envenenado ni de las heridas de bala.

El Palacio Moika, residencia urbana del Príncipe Yussupov, donde fue asesinado Rasputín.

El asesinato causó la indignación de la zarina y del zar, que desterraron a los asesinos al exilio (irónicamente, este acto les salvó la vida, pues estarían a salvo de la Revolución Rusa que estalló poco después). Una de sus profecías decía que si Rasputín moría a manos de parientes del zar, la dinastía caería y todos serían asesinados por el pueblo ruso; además, predijo que la Familia Imperial visitaría su pueblo natal en Siberia, lo cual se cumplió cuando Nicolás II, su mujer e hijos, y un reducido séquito, fueron deportados a Siberia. Allí, en julio de 1918, la Familia Imperial y varios miembros de la corte fueron fusilados en una oleada de asesinatos contra la dinastía Romanov.

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