
Cuidado, no te fíes, es un Borbón napolitano; retrato de Fernando I de las Dos Sicilias.
Si estudiamos los anales de la Historia en los últimos 300 años, quizá los Borbones de las Dos Sicilias se lleven la palma en el ránking de crueldad, despotismo e injusticia. La rama de los Borbón napolitanos brota a partir del “mejor alcalde de Madrid”, Carlos III, quien, tras reinar varios años como duque de Parma, se fue a reinar a Nápoles para acabar, a la muerte sin hijos de su medio-hermano Fernando VI, siendo rey de España hasta su muerte.
Cuando Carlos (como Carlos VII de Nápoles) abandonó la capital de su reino en 1759, dejó tras de sí a varios de sus trece hijos. El mayor, Felipe, estaba aquejado de “imbecilidad” y por ello no podía optar a ser rey de Nápoles ni acompañar a su padre para convertirse en Príncipe de Asturias. Su siguiente hermano, Carlos (futuro Carlos IV de España) sí acompañó a su padre (ya como Carlos III de España) a Madrid, así como varias de sus hermanas, ya con el tratamiento de Infantas de España.
En Nápoles, capital del reino del mismo nombre, quedó el siguiente varón, Fernando, entonces un niño de corta edad que prometía ser un soberano diestro y hábil. Su padre desde luego era un modelo a seguir y difícil de igualar (es gracias a Carlos III que se llevaron a cabo las excavaciones en Pompeya y Herculano, se fomentaron las artes y la música, etc). Fernando, a partir de entonces Fernando IV de Nápoles, recibió una pobre educación y se

Francisco I de las Dos Sicilias, que estableció el modelo de déspota para su familia y sus sucesores.
mantuvo siempre a la sombra de su regente, Bernardo Tanucci. Cuando finalizó la minoría de Fernando en 1767, su primer acto oficial fue expulsar a los Jesuitas. Un año después contrajo matrimonio con María Carolina de Austria, hermana de la malograda reina María Antonieta de Francia. Gracias a María Carolina, que era una mujer ambiciosa, inteligente y vivaz, Tanucci fue destituido y en su lugar se colocó a un británico, Sir John Acton, quien intentó alejar a Nápoles de la permanente influencia española y acercarlo a Inglaterra y Austria. No obstante, gracias a Acton se redujo la administración interna del reino y ayudó a paliar muchos problemas relacionados con la corrupción y el espionaje.
Cuando estalló la Revolución Francesa, Fernando y María Carolina no se opusieron inicialmente al movimiento, pero cayeron presa del horror y la consternación cuando María Antonieta y Luis XVI fueron ejecutados. Inmediatamente se unieron a la Primera Coalición contra la Francia revolucionaria, y a pesar de la paz firmada tres años después, la victoria francesa en Austerlitz en 1805 permitió a Napoleón invadir Palermo, la capital de Sicilia. Los Borbones fueron expulsados de Nápoles y se encerraron en Sicilia, mientras eran sustituidos en el trono napolitano primero por José Bonaparte y luego por Joaquín Murat, quien fue proclamado “Rey de las Dos Sicilias” (es decir, Nápoles y Sicilia), aunque nunca llegó a reinar de facto en Sicilia. Tras la caída y posterior fusilamiento de Murat, Fernando pudo regresar a Nápoles como rey (su mujer había muerto en Austria en 1814), aunque a raíz del Congreso de Viena se decidió que el reino seguiría denominándose “Reino de las Dos Sicilias”, con Fernando, como Fernando I, como rey. Fernando falleció en 1825 en la capital de su reino, Nápoles.

Fernando II de las Dos Sicilias, conocido como el "Rey Bomba" por haber bombardeado Sicilia. Quizá el más cruel de los Borbones napolitanos.
La historia de las Dos Sicilias durante las próximas décadas no deja de ser convulsa. En menos de 35 años la isla de Sicilia sufrió tres sublevaciones contra el gobierno de los Borbones, la corrupción se acentuó y la forma de gobierno de los reyes no ayudó en lo más mínimo a apuntar hacia el progreso. Sí fueron, en cambio, grandes casamenteros. De entre los hijos de Fernando I se pueden contar una Gran Duquesa de Toscana, una Reina de Cerdeña, a la Duquesa de Orleáns y a la Princesa de Asturias.
A Fernando le sucedió en el trono su hijo Francisco I, que por aquel entonces ya contaba 47 años de edad. Francisco I mostró poco interés por los asuntos de política, y aunque en un principio parecía un hombre liberal, al ascender el trono en 1825 dejó claro que era un hombre conservador y tendencioso. Personalmente no tuvo una vida estable; sufrió el exilio, tuvo numerosas amantes y tuvo que acabar con varias insurrecciones. De su primer matrimonio no tuvo descendencia masculina que le sobreviviese, y por ese motivo le sucedió a su muerte, tras sólo cinco años en el trono, su hijo Fernando, habido de su segundo matrimonio con su prima, la infanta María Isabel de España. Siguiendo con la política matrimonial de los Borbones, Francisco y María Isabel lograron llevara cabo brillantes matrimonios para su prole: la mayor, Carolina Fernanda, fue duquesa de Berry; Luisa Carlota, María Amalia y María Carolina se convirtieron en Infantas de España; María Cristina fue reina de España, Teresa fue Emperatriz de Brasil y María Antonieta fue Gran Duquesa de Toscana.
Fernando II, hijo y sucesor de Francisco I, fue tan desastroso como rey como engañoso había sido su padre. De joven se le consideraba un muchacho liberal y simpático, pero su carácter y forma de gobernar se agriaron considerablemente cuando llegó al trono con tan sólo 20 años. Tuvo que lidiar contra los revolucionarios, acallar protestas y finalmente sobrevivir a la revolución de 1848 que barrió Europa. Un bombardeo contra las principales ciudades sicilianas le ganaron el apodo “Rey Bomba”. Durante su reinado los presos políticos llegaron a más de 40.000, lo cual le granjearon una pésima reputación en todo el continente. Falleció, para el alivio de muchos, en 1859, poco antes de que su reino desapareciese para siempre.

Francisco II, último rey de las Dos Sicilias, con su esposa, la heroína de Gaeta, María Sofía de Baviera.
Francisco II, hijo del primer matrimonio de su padre con la delicada y religiosa María Cristina de Saboya, fue un rey débil aunque pareció dar muestras de ser un monarca cauto y bondadoso. Quién sabe qué habría ocurrido de haber durado más su reinado. En 1861 tuvo que luchar contra las tropas invasoras de Giuseppe Garibaldi con la finalidad de unificar Italia. Tras la caída de Gaeta, que se dio bastante popularidad pero hizo de su mujer, María Sofía de Baviera, una auténtica heroína, Francisco II escapó con su familia a Roma, donde se alojó bajó la protección del Papa. Cuando cayeron los Estados Pontificios, Francisco tuvo que buscar nuevamente refugio en otros puntos de Europa. Se separó de su mujer, con quien no tuvo más hijos que una niña muerta a los tres meses de vida. El depuesto rey murió en 1894 y su esposa en 1925.
Entre los numerosos medios-hermanos de Francisco se cuentan al conde de Trani, al conde de Caserta, dos archiduquesas, el conde de Girgenti, una duquesa de Parma y a la condesa de Bardi.
El tema de quién es el actual Jefe de la rama napolitana de los Borbones es otro tema que veremos más adelante.