
Constantino I de Grecia y su mujer, Sofía de Prusia; su nieta Sofía de Grecia es la actual reina de España.
El 2 de noviembre de 1938 vino al mundo la actual Reina de España; Sofía Margarita Victoria Federica, Princesa de Grecia y de Dinamarca, nació en Psichikó (en las afueras de Atenas) rodeada de un mundo a punto de caer en las llamas de una segunda contienda a escala mundial. Sus padres, el futuro Rey Pablo y su mujer, nacida Federica de Hanover, la decidieron bautizar en memoria de la abuela paterna de niña, la Reina Sofía de Grecia.
La futura Reina de España nunc conoció a su abuela. Ésta había fallecido seis años antes, habiendo padecido no sólo la división familiar debido a la Primera Guerra Mundial, sino también un exilio impuesto por sus seres más allegados. Sofía Dorotea Ulrica Alicia, Princesa de Prusia, nació en 1870, el mismo año que las tropas de Bismarck aplastaron a las de Napoleón III en la batalla del Sedán. Su padre, Federico, era el Príncipe Heredero de Prusia y poco después se convertiría en también en el del trono imperial alemán, que surgió en 1871. Federico estaba casado con la vivaz y liberal Victoria del Reino Unido, la hija mayor y preferida de la imponente Reina Victoria. Por lo tanto la joven Sofía creció en un ambiente familiar donde los vínculos de sangre la convertían no sólo en la nieta del primer Káiser alemán, sino en la de la Reina de Inglaterra (y Emperatriz de la India), en la sobrina del Príncipe de Gales, del Duque de Sajonia-Coburgo y de la Gran Duquesa de Baden; andando el tiempo sus primos acabarían ciñendo también las coronas de Rusia, Noruega, España y Rumanía.
Sin embargo, como solía pasar en muchos círculos reales, la familia de Sofía no era un enjambre de parientes afectuosos. Sus padres sentían gran debilidad por ella y sus hermanas pequeñas, Margarita y Victoria, que en carácter se parecían el Príncipe Heredero y a su esposa. Los tres hermanos mayores, en cambio, se parecían más en ideología y pensamiento a sus abuelos paternos, el Káiser y la Emperatriz, que eran harto conservadores y estrictos. La división ideológica y política permanecería indeleble entre los seis hijos de Federico y Victoria hasta el fin de sus días.

Alejandro I de Grecia, hijo segundogénito de Sofía de Prusia.
Sofía se crió principalmente en Berlín, aunque sus visitas a su abuela materna en Windsor eran frecuentes, por lo que maduró amando más lo inglés por encima de lo prusiano. A la edad de 17 años, durante una visita a Inglaterra con motivo del jubileo por los 50 años de reinado de su abuela, Sofía conoció a su futuro marido, Constantino de Grecia, Duque de Esparta y príncipe heredero del trono helénico. La Reina Victoria observó cómo la pareja se fue enamorando durante las festividades, y a pesar de la corta edad de la joven, veía con buenos ojos aquella unión. Grecia era una monarquía todavía joven; como Estado, Grecia existía desde hacía menos de cuatro décadas, pero gracias a varias potencias Europeas (entre las que se contaba Gran Bretaña), los helenos pudieron deshacerse del yugo otomano y salvaguardar así su independencia. En 1863 se eligió al Príncipe Guillermo de Dinamarca para ocupar el vacante trono helénico; como hijo del futuro Rey danés y hermano de la mismísima Princesa de Gales, Guillermo prometía ser un buen soberano. Ya bajo el nombre de Jorge I, reinó en Grecia durante 50 largos y turbulentos años. Cuando su hijo Constantino (“Tino”) le confesó que pretendía casarse con Sofía de Prusia, el rey Jorge le dio su bendición. No ocurrió lo mismo en Berlín, donde el hermano mayor de la novia, el futuro Káiser II, se opuso a aquella unión, alegando que la diferencia confesional (Tino era ortodoxo, y Sofía luterana) acabaría por condenarlos al infierno. Pero Sofía era más fuerte y decidida de lo que muchos pensaban; en 1888 su abuelo falleció, seguido poco después por su heredero, el padre de Sofía, que apenas pudo reinar tres cortos meses. El ambiente funerario que cayó sobre Berlín debió de agobiar, y mucho, a aquella joven enamorada y vivaz.

Los reyes de Grecia con algunos de sus hijos.
La boda tuvo lugar en Atenas el 27 de octubre de 1889; la pareja se instaló en la capital helena, donde Tino y Sofía vivieron una vida plácida llena de devoción y ternura. Seis fueron los hijos que tuvieron: Jorge, Alejandro, Helena, Pablo, Irene y Catalina (ésta nacida ya durante el reinado de sus padres). En marzo de 1913 Sofía y Constantino se convirtieron repentinamente en Reyes de Grecia tras el asesinato del Rey Jorge a manos de un desequilibrado mental que posteriormente se suicidó. Apenas recuperados del traumático evento, la pareja tuvo que ver cómo Europa se veía inmersa en la Primera Guerra Mundial; tanto por parte paterna como materna, Tino y Sofía tenían parientes a ambos lados del frente. Si bien en privado Constantino deseaba la victoria de los aliados, la precariedad de su economía y de su ejército le forzó a rechazar cualquier tipo de alineamiento, y por lo tanto Grecia permaneció neutral durante los primeros meses de la guerra. Sin embargo, el Rey Constantino fue acusado por Inglaterra y sus aliados de ser pro-alemán, dado que estaba casado con una hermana del Káiser y su hijo y heredero, el futuro Jorge II, había sido educado principalmente en Alemania; unas fotos de Constantino vestido con uniforme prusiano desde luego no le ayudaron a limpiar su imagen.

Jorge II, hijo mayor de Constantino y Sofía.
Durante los primeros tiempos de la guerra, el Primer Ministro griego, Elevtherios Venizelos, intentó ejercer presión para que Grecia entrase en la guerra del bando de la entente (Reino Unido, Francia y Rusia); sin embargo, Constantino permaneció fiel a su principio de neutralidad; en 1916 Venizelos proclamó un cisma nacional en la ciudad de Tesalónica, donde formó un gobierno revolucionario y declaró la guerra tomando el bando de los aliados; así, Venizelos confiaba en derrocar a la monarquía y ser proclamado presidente de la república. Bajo la amenaza de una inminente guerra civil, el Rey Constantino pidió auxilio a los alemanes, sin éxito. Por entonces gran parte de Grecia estaba bajo el poder de Venizelos; presionado por la penosa situación en el país e influido por Gran Bretaña y Francia, Constantino decidió abdicar el trono en favor de su hijo segundogénito, Alejandro (el mayor de sus hijos, Jorge, era tenido por ser tan pro-alemán como su padre).
Constantino y Sofía se instalaron con sus cinco hijos restantes en Suiza, donde permanecieron desde 1917 hasta 1920; aquel año, el Rey Alejandro fallecía después de infectársele una herida producida por un chimpancé propiedad de su jardinero. Por aquel entonces Venizelos había perdido gran parte del apoyo de sus fieles, y se decidió que Constantino regresase a Atenas para retomar las riendas como monarca.
Poco duró el idilio entre los viejos soberanos y el pueblo heleno. Una nueva guerra, esta vez con Turquía, amenazaba la precaria situación económica de Grecia; la popularidad de Constantino, a quien incluso sus parientes más cercanos tachaban de inepto, caía por días, y el 27 de septiembre de 1922 abdicaba por segunda y última vez en su vida, sustituyéndole su hijo Jorge en el trono. Roto por tan cruel experiencia, el ex Rey abandonó Grecia para siempre, y falleció al año siguiente en la ciudad siciliana de Palermo.

Retrato oficial de la Reina Sofía de Prusia.
A partir de aquel momento Sofía comenzaba una vida errante; aunque Grecia seguía siendo una monarquía, los vínculos de la Reina con la antigua Alemania imperial la hacían persona non grata, y jamás se le permitió volver a su país de adopción; en 1924 su hijo Jorge fue depuesto y se proclamó la República en Grecia, que perduraría hasta 1935, año en el que fue restaurado en el trono. Sofía se concentró principalmente en la educación de sus dos hijas pequeñas y en los prospectos matrimoniales de la mayor, la Princesa Helena, que pronto contraería un precipitado y finalmente desastroso matrimonio con su primo, Carol II de Rumanía. La buena relación entre Sofía y su hermana menor, Margarita, que había sido brevemente Reina de Finlandia, perduró hasta el fin de sus días; no así la relación entre la ex Reina griega y su hermano, el ex Káiser, a quien no vio durante más de catorce años tras su abdicación en 1918. Guillermo II, amargado y habiendo perdido todo tras el fin de la guerra, se lamía las heridas en su exilio holandés, a escasos kilómetros de la frontera alemana.
Sofía mantuvo cierta correspondencia con su primo, Jorge V de Inglaterra, al que solicitó ver en ciertas ocasiones siempre y cuando ello no supusiese problemas para él; Sofía anhelaba una educación inglesa para su hija pequeña, pero sabía que su presencia en Inglaterra podría ser “complicada”. En diciembre de 1931 se sometió a una leve operación en Frankfurt; durante el proceso los médicos descubrieron que padecía cáncer, y que viviría pocas semanas. Finalmente, Sofía de Grecia falleció el 13 de enero de 1932 en dicha ciudad, sin haber conseguido ver la monarquía restaurada en el país heleno. Sus restos fueron trasladados a Tatoi (Grecia) en 1936 y enterrados junto a los de su marido. La historia ha querido que los tres hijos varones de Sofía ciñesen la corona griega: Jorge (1922-1924 y 1935-1947), Alejandro (1917-1920) y Pablo (1947-1964), el padre de la Reina de España. Asimismo, su hija mayor fue Reina de Rumanía y madre del que actualmente sería Rey de Rumanía, Miguel I; otra hija, Irene, fue Duquesa de Aosta y brevemente Reina consorte de Croacia. La monarquía griega fue abolida tras un referéndum popular amañado en 1974. Un año después la nieta de la Reina Sofía sería proclamada Reina de España. Y hasta hoy.